Gereon Janzing, geobotánico y etnobotánico
Gereon Janzing, geobotánico y etnobotánico

El veganismo -¿qué intereses hay detrás?

(Una versión más corta de este artículo fue publicada en junio de 2016 en la revista "Umwelt aktuell".)

Hasta hace pocos años, el veganismo era una alimentación de pocos testarudos ascéticos, que por eso eran expuestos a muchas hostilidades y se merecían admiración. Últimamente, en cambio, es una moda en esos círculos que antes se reían del vegetarianismo. ¿De dónde viene ese cambio repentino de imagen? ¿Es una consciencia elevada repentina? ¿O será que hay que suponer motivos comerciales escondidos?

¿Qué instiga personas a mortificarse tanto y con su alimentación excluirse de la sociedad en cierto grado? No miremos a la gente que viva en una gran ciudad y por buenas razones evita productos de animales del supermercado. Dirijamos nuestra mirada a esa gente que en una fiesta rechaza una ensalada hecha solo de productos locales de pequeñas granjas porque lleva huevo, que en viajes menosprecia muchas especialidades locales y zahiere a sus anfitriones con toda naturalidad. ¿Ese comportamiento poco sociable por lo menos se puede justificar con argumentos ecológicos?

Mientras personas con una consciencia ecológica se esfuerzan a evitar productos de explotación intensiva de animales y apoyan por ejemplo productos de la ganadería trashumante, cada vez más personas que no son familiares con el pensamiento ecológico en conexiones, se contentan con el esquema sencillo y dualista: "Productos de animales son malos, productos vegetales y sintéticos son buenos". Con eso seguro han elegido una mejor opción que otros con su consumo excesivo de carne. Sobre todo si su veganismo es una autodefinición temporal dentro de un proceso de gente joven de encontrarse a sí mismos que puede dirigir el camino para un futuro consumo responsable.

Hay veganos con una alimentación mucho más variada que la de los carnívoros promedios. Y así un menú vegano bien preparado puede ser un enriquecimiento incluso para un carnívoro. Pero eso no nos debería hacer olvidar que el veganismo por su idea no es un enriquecimiento sino un empobrecimiento; no les da nuevas opciones a sus adeptos sino que les roba muchos gozos, de manera parecida a lo que hacen la diabetes y e las alergias a alimentos, pero en medida más amplia. En principio es una alergia psicosocial a los productos de origen animal. Una ventaja del veganismo es que uno lo puede superar con fuerza de voluntad, lo que no es posible con la diabetes.

Algunos veganos apuntan que con el consumo de productos de animales, comparado con el consumo directo de las plantas se pierde energía. En principio, eso es cierto y es un argumento importante contra el consumo excesivo de carne y contra la ganadería industrial donde los animales están en el establo y se les da de comer productos que los convierten en competidores directos por la comida humana. Sin embargo, el ecosistema explotación ganadera es más complejo que este pensamiento unidimensional-dualista. Si los animales están en el pasto, sobre todo en terrenos no aptos para la agricultura, ellos no son competidores por la comida humana. Además argumentar con el balance de energía es cínico si uno consume los imitados veganos de leche y queso producidos y empaquetados con mucha energía fósil. A menudo hay más rendimientos que solamente leche y carne que se suelen olvidar en los balances, como estiércol y fuerza laboral. Parte de la energía se va al entorno en forma de calor, lo que en invierno cuando los animales están en el establo, puede beneficiar las habitaciones encima. En los pastos, en muchos casos, los animales crean unos ecosistemas valiosos. Los veganos obviamente no conocen ese valor. Se puede añadir el beneficio del contacto cercano con los animales para la psique del ganadero. Es comprensible que los veganos y otra gente de ciudad alienada de animales útiles no conoce ese beneficio.

En práctica, el veganismo a menudo significa que alguien rechaza los productos de animales fabricados localmente aunque sean de una manera de economizar ecológicamente adaptada y creen pastos oligótrofos y garrigas, y los sustituye por productos de soja que se cultiva en plantaciones gigantescas, ecológicamente desvastadoras, a menudo transgénica, y es llevada a Europa desde Argentina en avión. Y que se usan con más frecuencia "grasas y aceites vegetales", lo que en práctica suele ser aceite de palma para cuya producción son destruidas grandes áreas de selva en Indonesia y Malasia, lo que lleva hacia su exterminación no solo los orangutanes. Entonces, ¿el veganismo es una estrategia para hacer callar a los opositores de la globalización y a los ambientalistas?

Si alguien se prohíbe tantos gozos culinarios, seguramente no es de extrañar si esa persona se vuelve agresiva porque otros no se someten a las mismas restricciones y sin carga disfrutan de la vida con café con leche, tortilla, anillos de calamares y tarta de queso.

Mucha gente, ya sean veganos o carnívoros, no gastan un pensamiento en los daños que hacen las plantas transgénicas, pero no solo hipotéticos sino observables en la realidad. Primero hay el hecho que a menudo las plantas han sido cambiadas de tal manera que se pueden cultivar con rentabilidad solo con ciertas sustancias químicas (vendidas por el mismo multinacional que las plantas), por lo que los campesinos llegan a más dependencia de esas empresas, además contaminan a los producentes y a los consumentes (lo que alguna gente hoy en día toma por la razón de la expansión de la celiquía). Otro problema son las patentes a las semillas de las plantas transgénicas, que les prohíben a los campesinos la producción propia de semillas y les roban la soberaneidad sobre sus semillas. También por eso los campesinos llegan cada vez más a la dependencia de las empresas. Muchos campesinos en la India y otros países perdieron sus existencias por eso, miles ya se han suicidado como consecuencia. Los consumidores, ya sean veganos o consumidores de carne bovina a la base de soja, en sus cocinas de lujo no se enteran de eso.

Echemos un vistazo a la isla de Ibiza como un ejemplo de un área donde en los últimos años el veganismo a ganado muchos adeptos.

Ibiza destaca por la presencia de diferentes mundos paralelos que saben poco los unos de los otros. Por un lado hay los ibicencos autóctonos, entre ellos payeses que mantenían viva la población isleña a través de su manejo de recursos también en épocas difíciles. La ganadería por parte sigue siendo la transhumancia con cabras y ovejas, tradional por la zona mediterránea. A ésa se le deben unos ecosistemas valiosos como la garriga con su flora específica. Mientras que en Menorca se ven muchas vacas pastando, en Ibiza la ganadería de bovinos se limita a una sola explotación que, sin ser injusto, uno puede considerar una explotación industrial.

Por el otro lado, desde la época de los hippies vienen a Ibiza personas más o menos jóvenes, por lo general están desarraigadas, tienen poca relación con la cultura de sus tierras y muestran poco respeto hacia la cultura anfitriona. Tampoco con el suelo y la producción de alimentos tienen mucha relación. Muchos tienen un apoyo económico gracias a sus padres u otras circunstancias benéficas. Así el trabajo duro y el manejo de recursos les parecen chistes. Unos pocos personifican los viejos ideales de los hippies. Otros se declaran abogados de la ecología. Pero como nunca han aprendido el entendimiento ecológico, más bien quieren proteger Ibiza de los ibicencos. Muchos juzgan de manera sabidilla y peyorativa a los payeses (campesinos) porque saben exactamente cómo salvar el mundo. A muchos les vino la moda vegana como pretexto bienvenido que les da nuevos argumentos para marcar distancias con la cultura de los payeses, sentirse superiores y justificar su falta de disposición a integrarse.

Había en Ibiza un restaurante vegano cuyos dueños querían cultivar su propia verdura. Como veganos no querían usar abono de origen animal (y obviamente tampoco recurrir a abonos veganos, es decir, químicos). Así la verdura crecía con más pena que gloria. ¿Y qué hacían? Compraban para su restaurante vegano verduras de la explotación ecológica al lado, abonado orgánicamente con estiércol, así sacaron provecho de la ganadería. Un día, en medio de la temporada alta, abandonaron el restaurante porque se habían dado cuenta que de verdad significaba trabajo.

Muchos neo-ibicencos han visto en internet lo mal que tratan los animales en las explotaciones industriales. Y a pesar de ver rebaños de reses lanares y caprinas caminando, no son capaces del paso cognitivo de distinguir entre esa ganadería y la ganadería industrial que es un desastre ecológico y puede provocar rechazo ético.

Las tiendas que más se adaptan a las necesidades de los veganos, son las que se llaman tiendas ecológicas. En unas cuantas de ellas los que dan de ascéticos y se prohíben el queso pero no quieren prescindir de su sabor, encuentran sustitutos de soja transgénica y de aceite de palma cuyo sabor se ha acercado al del queso con diversas sustancias químicas. Lácteos de ganadería ecológica son sustituidos por productos de soja transgénica. Tiendas que quieren seducir gente con una consciencia de salud a la soja, brotan como setas. Los productos de la ganadería industrial en los supermercados, en cambio, permanecen sin tocarlos.

También hay algunos crudiveganos. Ésos no se alimentan de soja y comida sintética pero también su verdura necesita abono, lo más a menudo de la ganadería.

Fuera de Ibiza queda poca gente que se ve en la tradición de los hippies. Pero la moda vegana encuentra adeptos también por otras partes entre hijos de la abundancia que nunca han tenido que preocuparse por su seguridad alimenticia y por lo tanto se pueden permitir menospreciar alimentos naturales y poco procesados por razones ideológicas.

Además de los veganos ideológicos también hay los veganos prácticos que no comen productos de animales porque allí donde viven, no tienen acceso a tales que les parecen justificables desde un punto de vista ético o de salud. Por ejemplo no quieren comprar la leche tratada y dudosa en cuanto a la salud, disponible en los supermercados, sin embargo están dispuestos a tomar leche fresca cuando están de visita en el campo. Seguramente hay una diferencia si alguien es vegano p. ej. en Fuerteventura donde una ganadería ecológicamente adaptada no es apenas posible, o en Ibiza.

Como regla general, los veganos son igual de inofensivos como otros ascéticos, siempre que dejen que otros coman en paz queso fundido e hígado de venado. También el impacto ecológico de su alimentación en muchos casos es menos grave que el de consumidores poco críticos de carne. Pero también hay veganos que sienten una vocación de encasquetar una mala conciencia a otros porque es tan enormemente cruel ordeñar animales. Problemático es si imponen su alimentación deficitaria a sus hijos, tal vez incluso sus gatos.

Muchos veganos (a menudo personas que acaban de empezar con esa alimentación y probablemente no se quedarán mucho tiempo con ella) crean tensiones sociales diciéndoles a otros qué violentos son si comen carne, tienen cabras para el autoabastecimiento o matan caracoles en los bancales de verduras. Declaran su alimentación dogmática una doctrina de salvación válida para todos y se creen los pioneros de un nuevo orden mundial que prohíbe la ganadería. Con la presuntuosidad de niños de lujo que nunca han tenido que currarse la vida. Paisajes culturales de gran valor ecológico como los pastos estivales de los Alpes o las garrigas mediterráneas las quieren dejar desaparecer, la multitud de quesos con origen histórico la quieren destrozar a favor de una soja transgénica uniforme. Y mientras comen su sustituto de queso de producción industrial, consideran a los que coman el original de producción campesina como anacrónicos. Una alimentación equilibrada en base vegetal con cierta parte de alimentos de origen animal les parece obsoleta porque hoy en día hay la posibilidad de producir preparados de vitamina B12 a base de petróleo. También el trabajo con animales de carga y de tiro (que algunos campesinos practican por razones prácticas o por gozar el trabajo) les parece un anacronismo sin que pregunten por razones y condiciones puesto que hoy hay tractores y carburante fósiles. Todavía a las alturas del siglo XXI siguen la fe ciega en la técnica de los años 1950 y 60 y no muestran ni traza de un pensamiento en una sostenibilidad. ¿Por qué sería necesario? Ya de por sí, los veganos son los buenos. Y el hecho que en algunos terrenos, por ejemplo en las pendientes de los Andes, no es posible sustituir la yunta de bueyes por un tractor, ¿quién se lo dirá a los veganos en sus aparrtamentos lujosos?

De los imitados del queso probablemente podemos concluir que muchos veganos, aunque no se permiten el queso, lo consideran valioso. Pues nadie imita una cosa que considere inferior (a no ser que sea una sátira). Es decir: muchos veganos aman el queso. Pero no puede ser demasiado natural, no basarse en la ganadería sino que tiene que ser de producción industrial pues los industriales tienen un comportamiento ético mientras que los ganaderos solo piensan en el dinero. También a base de anacardos se producen imitados de queso. Las condiciones del cultivo no le importan a los veganos. Pues más grave que tener a humanos en condiciones de casi-esclavitud, es ordeñar los pobres animales.

Hay quienes acusan a los queseros que producen algo dañino solo por el dinero. ¿No deberían decir esto más bien a los productores de centrales nucleares y maquinaria de guerra? Uno se hace quesero por lo general porque le gusta el queso. Si el queso de veras es tan malo, los primeros en ser dañados, serán los mismos queseros. Para las personas que conocen el trabajo solo como método molesto de ganar dinero y no como pasión, eso debe ser incomprensible. Luego hay los que a un cabrero que conoce cada uno de sus animales por su nombre, le echan en la cara lo mal que trata sus animales. ¿De dónde saben cómo trata sus animales? Como ya lo hemos visto para Ibiza: en internet han visto vídeos sobre la ganadería industrial. Y esa gente que trata a los productores de alimentos sin respeto, exige que uno muestre respeto hacia el veganismo. Justificación: los veganos son gente con una consciencia superior. Eso también lo saben de internet.

Si uno, al hablar con un vegano, menciona que la soja no crece especialmente bien en Europa central y suele venir desde lejos, puede que uno reciba la respuesta que las altramuces sí que se pueden cultivar. Es muy bonito que los veganos sepan con tanta exactitud lo que se puede hacer. Pero, ¿qué hacen en práctica además de hablar? En práctica uno se encuentra en una tienda ante la decisión entre lácteos o productos de soja; productos de altramuces, si se encuentran, solo como sustitutos de café. En los herbolarios los productos de soja transgénica desplazan los lácteos de producción ecológica. Gracias a la expansión del veganismo. El primer beneficiario eso debería estar claro es la industria de transgénicos. El perdedor es la agricultura ecológica.

Los veganos muy consecuentes también rechazan verduras abonadas con estiércol de animales. ¿Cuál es la alternativa? En práctica en primer lugar abono sintético, el cual está prohibido en la agricultura ecológica. Si uno le pregunta a un vegano sobre este punto, puede que venga la respuesta que es posible compostar excrementos humanos y usarlos como abono. Si un vegano hace esto y no se limita a hablar, eso seguramente es maravilloso. Pero para la gente de ciudad, eso es mera teoría desde la poltrona. En práctica actualmente es común que uno solo puede elegir entre verduras abonadas con abono orgánico, en la mayoría de los casos de origen animal con lo que los consumidores viven a coste de los ganaderos que odian, o verduras abonadas químicamente. Un rechazo de estiércol entonces va en favor de la industria de abonos sintéticos.

Vemos que el veganismo compatible con el ecologismo, hasta ahora en la mayoría de los casos queda un sueño. Mientras muchos veganos van soñando sus argumentos y su vida, en la agricultura ecológica con ganadería integrada se van viviendo argumentos y sueños. Allí se suele saber que los animales como parte del ecosistema agrario tienen más valor del que conoce la gente de ciudad.

Sobre el vegetarianismo, el gran maestro del autoabastecimiento John Seymour dice en su libro "The Complete Book of Self-Sufficiency" (título de la traducción castellana: "La vida en el campo") que los vegetarianos suelen ser gente que lleva tanto tiempo separada de los animales que tiende a un antropomorfismo. Por el otro lado, los autores del libro alemán "Handbuch für Selbstversorger" ("Manual para autosuficientes") que se llaman Parvatee y Shankara, muestran que el vegetarianismo y una vida rural basada en la autosuficiencia son compatibles. (Por desgracia no les revelan a sus lectores lo que hacen con sus cabritos o terneros que son un subproducto inevitable de la producción de leche.) Si también el veganismo es compatible con un manejo de recursos sostenible, todavía queda por comprobar. Seguramente hay una gran diferencia emocional entre vegetarianos que sienten asco ante animales muertos y veganos que sienten asco también ante animales vivos y sus productos.

Algunos veganos, si saben algo de agricultura ecológica, ya llegan al punto que rechazan el uso de insectos útiles como icneumónidos, crisópidos o mariquitas porque les dan lástima las pobres mariquitas, explotadas tan cruelmente porque tienen que comer pulgones. Lejos de la responsabilidad del campo es fácil decir que la palabra "plaga" es discriminatoria y que uno deje vivir los pulgones, caracoles, babosas y escarabajos de la patata. Sin métodos biológicos de control de plagas quedan pesticidas. ¿Alguien sigue dudando que esta argumentación fuera lanzada por intereses económicos?

También existen (y eso no es broma) veganos que rechazan el compost de lombriz –porque les dan lástima las pobres lombrices condenadas a vivir en el compost. (Entonces, ¿dónde vivirían? ¿En alguna autopista?) La industria de abonos químicos se lo agradecerá.

Los veganos consecuentes tampoco usan lana ni cuero, es decir, usan más productos sintéticos. También yema de huevo para el cuidado del cabello, velas de cera de abeja y ungüentos a base de cera de abeja o grasa bovina son rechazados por veganos estrictos a favor de productos sintéticos. ¿Y qué dirían los veganos si supieran que una gran parte de las frutas que comen salen de una polinización por abejas domésticas? ¿Alguien quería comer tan solo manzanas, naranjas y albaricoques polinizados por abejorros silvestres (y no explotados)? Eso reduciría mucho la cantidad disponible. Que uno se imagine veganos que, por falta de tareas más satisfactorias, están permanentemente al lado de las flores de frutales para apuntar cuáles insectos las visitan para después comer los buenos frutos, los polinizados de manera vegana.

Quedan preguntas como éstas: ¿Los veganos consecuentes pueden disfrutar de paisajes culturales creados por ganado pasteando? ¿Pueden cosechar hierbas en tales paisajes, como la milenrama en pastos de ovejas, el tomillo en garrigas mediterráneas, las ortigas en lugares con muchos excrementos de ganado? Primero alguien tiene que explicarles esas conexiones. Pero, ¿las van a entender?

Muchos veganos se toman por rebeldes, obviamente todavía no han percibido el cambio de paradigma desde una alimentación rebelde hacia una confesión demostrativa de círculos esnobistas. Ser vegano hoy en día es mucho más cómodo que ser un verdadero rebelde porque uno predica una y otra vez a los conversos y uno tiene muchos intereses industriales consigo.

Seguro que solo una pequeña minoría de los veganos son luchadores conscientes por las industrias de ingeniería genética, abonos sintéticos y pesticidas y contra la agricultura ecológica. Pero inconscientemente se convierten en herramientas obedientes de esas industrias, que se aprovechan de su credulidad ingenua. ¿Qué lobby financia que hoy en día en medios de comunicación muy diversos permanentemente nos llenan con publicidad –parcialmente en disfraz científico– para el veganismo?

Críticos del sistema capitalista dicen a menudo que el descontento es deseado por el sistema porque personas descontentas consumen más. Las tensiones sociales creadas por el veganismo y la presión de grupo hacia la renuncia a ciertos gozos seguramente crean descontento y, según esta tesis, más consumo. El veganismo no es tanto una renuncia al consumo sino más bien una transposición del consumo, por lo general fuera de los productos naturales y locales hacia productos industriales.

Quien quiera defender el veganismo con argumentos de salud, puede encontrar bastante en internet para olvidarse del hecho que el ser humano por naturaleza es omnívoro. Últimamente cursan montones de textos de odio contra la leche y sus derivados. A veces no es difícil ver que la industria de soja ha tomado cosas negativas fuera de su contexto para calumniar su competencia. Muchos veganos lo toman en serio y no entienden que el hecho que la leche tiene unas contraindicaciones (como las tienen también el ajo, el limón, el café y virtualmente todas las plantas medicinales), no significa que siempre y por todas partes sea mala.

Por ejemplo se dice que el queso no es saludable porque lleva mucha grasa. Uno también podría concluir que las personas con poca actividad física (lo que a menudo es el caso con los veganos) deberían consumir el queso con moderación. Pero el principio de la moderación no tiene lugar en el pensamiento dualista que distingue solamente alimentos buenos y malos. La gente que argumenta con el contenido de grasa en contra del queso, ¿qué diría si supiera que los aguacates y cacahuetes (manises) que comen, llevan aún más grasa?

Una y otra vez se revitaliza el viejo argumento que los productos de origen animal llevan colesterol aunque según los conocimientos actuales eso carece de relevancia. Como los productos farmacéuticos más vendidos son las estatinas para bajar el colesterol (con todos sus efectos dañinos), existen intereses económicos en que la gente tenga miedo del colesterol.

Un argmuento extraño usado por opositores de la leche, es que la leche no es buena porque en una parte extendida de la Tierra no tiene tradición alguna. Sería interesante saber que son buenos solo los productos que tienen tradición por toda la Tierra. Por lo menos los humanos por grandes partes de la Tierra (Europa, África, mitad occidental de Asia) prosperaban con leche durante milenios. ¿Y si este argumento sale de una boca vegana? Que expliquen los veganos por dónde, según su opinión, el veganismo tiene tradición. El vegetarianismo tiene tradición solo en el área cultural india, como parte integral de una sociedad estrictamente jerárquica. Y eso por lo general con gran aprecio por la leche.

Como observador imparcial, uno tiene que preguntarse por qué precisamente la leche es víctima de esa campaña de acoso y no, para dar unos ejemplos, las patatas, las judías (ambas venenosas en estado crudo) o las fresas (alérgenas para algunas personas). Debe haber algún interés detrás.

A primera vista puede que no quede claro por qué la industria de soja podría tener un interés en difundir el veganismo ya que también vive de bovinos cebados con soja. Pero se puede considerar muy poco probable que carnívoros inveterados se dejen seducir por la moda vegana y se pierdan como clientes de carne. Suelen ser más bien personas que ya por otras razones comen poca carne o ninguna. No en vano los textos infamatorios últimamente se dirigen en primer lugar hacia la leche y sus derivados, no tanto hacia la carne y los huevos.

Además de los verdaderos veganos también existen unos casi-veganos que por ejemplo comen huevos pero solo si las gallinas viven sin gallo para asegurar que los huevos no estén fecundados. Las personas que carecen de tareas en la vida, a veces son sorprendentemente inventivas a la hora de complicarse la vida a sí mismas y también a otros.

El menosprecio hacia muchos alimentos en algunas doctrinas alimenticias modernas (y en eso el veganismo no es singular) seguramente es un síntoma de niños mimados del lujo que nunca han necesitado trabajar sus necesidades básicas con esfuerzos físicos y no gastan pensamientos en la pregunta quién hace el trabajo al que le deben su lujo. Las personas que han experimentado escasez, suelen ver esos jueguitos sin mucho entendimiento. Para ellos, pueden parecer un trastorno de alimentación, parecido a la anorexia o la bulimia. Incluso puede ser una idea socialmkente aceptada para esconder una anorexia. Seguramente, los pacientes han crecido lejos de animales útiles con una higiene exagerada, conocen la leche solo del supermercado y los animales solo de dibujos animados, donde piensan, sienten y hablan exactamente como humanos mientras que las plantas suelen ser objetos mudos sin sentimientos. Lo más a menudo son gente que conoce el mundo más bien a través de internet que no a través del trabajo de sus propias manos.

Un motivo importante para muchos veganos es querer sentirse superiores a los demás. Ese motivo egocéntrico se muestra también en el hecho que muchos veganos dicen a todo el mundo que son veganos sin contexto y sin ser preguntados, parecido a una confesión religiosa.

Suele pasar que personas que tienen dificultades con sus prójimos se muestran de manera demostrativa sensibles con seres no humanos (de preferencia tales que están lejos) y así racionalizan sus agresiones contra sus prójimos. Claro que no todos los veganos muestran tales agresiones, algunos sí.

¿Qué sería con los veganos si ellos mismos tuviesen que producir alimentos con su propio sudor en vez de dejar trabajar otros para sí, y no solo en un nivel lúdico? ¿Si ya no podrían construir muy lejos de los trabajos agropecuarios un concepto ingenuo del mundo? Entonces, ¿podrían seguir limitando el mundo más allá de sus platos a estereotipos sin mucha conexión con la realidad?

Por supuesto, los veganos no lograrán debilitar la ganadería en total. Pero quizá lograrán debilitar la ganadería campesina, lo que inevitablemente será a favor de la ganadería industrial. Ya están debilitando la agricultura ecológica. Debilitan la producción local a favor de la producción industrial. Como lo muestra una mirada en tiendas especializadas, hoy ya debilitan la agricultura ecológica y la producción local a favor de la producción industrial y la globalización. Las amenazas de la infiltración de la escena de comida ecológica y natural se volvio posible solamente gracias a la moda vegana.

¿Los veganos no entienden las consecuencias de su afición? Como el veganismo es un hobby egocéntrico, no es de extrañar que esa gente no se sienta como parte de una sociedad y con eso de un sistema más complejo. Tal vez se deberían introducir clases de cibernética o ecología en las escuelas para que el pensamiento en conexiones sea parte de la cultura general. Y también clases de agricultura para que también la gente de ciudad comprenda que las verduras no surgen de la nada sino que precisan abonos, lucha contra plagas y mucho trabajo.

Literatura:

en alemán:

Der vegane Ritt auf dem schlechten Gewissen. In: Zalp 2015, S. 30-32 (también se encuentra aquí en línea).

Vegane Produktion. In: Sankt Galler Bauer 26. Juni 2015, S. 33f.