Gereon Janzing, geobotánico y etnobotánico
Gereon Janzing, geobotánico y etnobotánico

El corazón verde en Ibiza

En Ibiza se ve a menudo, sobre todo en forma de pegatinas pegadas a los coches, un corazón verde. Poca gente sabe realmente lo que significa.

Es el símbolo de una secta con el nombre inglés "Greenheart" ("corazón verde"). Originalmente se llamaba "Bad Boys" ("chicos malos"). Su sede es un centro de party bautizado "Casita Verde" en una colina en Ibiza que a mucha gente ya al principio le da la sensación de ser mero negocio. El líder de la secta, El Vago de la Casita Verde, es uno de muchos gurús ególatras que viven en la isla de Ibiza y se creen elegidos para salvar el mundo. Y la Casita Verde es más que nada un centro para adorar a ese personaje.

Mientras que la gente inteligente que viene a Ibiza quiere aprender de la sabiduría local, El Vago pretende saberlo ya todo (lo que es bastante normal entre los gurús), no tener que aprender de nadie. Y dice una y otra vez que los ibicencos son estúpidos (probablemente porque le sirven de espejo), o en particular los payeses. Eso de hablar mal de otra gente es uno de sus principales pasatiempos para poder sentirse superior. Con eso crea discordia que aprovecha para ejercer poder.

El Vago pretende ser un ecólogo. Eso es uno de muchos sueños suyos incumplidos. Nunca se pone en marcha para formarse en ecología, solo dice que es un ecólogo y -abracadabra- lo es. En verdad no sabe nada de esa ciencia. No entiende nada de la círculación del carbono ni del flujo de energía, no sabe nada de ecosistemas, de nichos ecológicos o del crecimiento logístico, conceptos imprescindibles para cualquier entendimiento ecológico. Tampoco es capaz del pensamiento complejo que hace falta en la ecología. Ni tampoco nunca les hace preguntas a los expertos de ecología porque cree que él ya lo sabe todo sin haberlo aprendido. Le gusta humillar a los expertos porque le molestan en sus mentiras. Eso le crea simpatías entre otra gente que nunca ha aprendido nada y se siente inferior a la gente culta. Así, por supuesto, no puede aprender nunca nada de la materia. Cada payés sabe mucho más de ecología que él.

Es una cosa muy normal: La gente que nunca ha aprendido nada, no suele apreciar lo que han aprendido otros.

El síndrome Casita Verde consiste en hablar mucho sin saber, en informar a los demás antes de informarse as sí mismo antes.

El Vago divulga varios mitos urbanos sobre la ecología. La mayoría de lo que dice, es bastante ridículo.

Lo que sí que le va bien es que es un hombre de negocios, nada más ni nada menos. Ha encontrado su manera de vivir sin trabajar. Pues otros trabajan para él.

Para El Vago es normal que la gente trabaje para él sin ser pagada. Incluso tiene la cara de cobrar a la gente por trabajar para él, un caso extremo de explotación capitalista. Mientras haya tontos que acepten esas condiciones, él se aprovecha de ésos (y se ríe de ellos detrás de su espalda).

A la mayoría de la gente que ha trabajado para él, El Vago la menosprecia. Y sus adeptos suelen creer algo como: "Si habla mal de otros, será porque habla bien de mí." Se les puede atestiguar cierta inocencia a sus adeptos. Sus adeptos aceptan que él hable mal de mucha gente mientras no aguantan que alguien hable mal de él.

Como El Vago se suele mostrar estresado (por siempre ponerse bajo presión a gustarle a todo el mundo) y a menudo dice que no tiene tiempo (debido a su mal gestión del tiempo), alguna gente ingenua cree que trabaja mucho. Eso, por supuesto, es una cosa muy relativa. Para una hormiga el ser humano es grande, para un elefante el ser humano es pequeño. Para alguna gente El Vago es un currante. Cada payés trabaja mucho más que él.

Él les cuenta a los demás que él trabaja mucho. Su trabajo consiste principalmente de hablar tonterías y seducir chicas. Él cree que él es la única persona que trabaja. Ya que nunca ha hecho verdaderos trabajos, tampoco aprecia los trabajos de los demás.

El Vago se ha ganado cierta fama por organizar limpiezas de playas. Y con eso ya se agota su compromiso por el medio ambiente. Todo lo demás es espectáculo vacío. Sin embargo le gusta tener la fama de ecologista.

Entre los ecologistas la Casita Verde no tiene buena fama. En principio es una empresa de greenwash. El Vago promueve las bombillas de mercurio sin mencionar su toxicidad. No es muy coherente promover esas bombillas para ahorrar un poco de energía eléctrica ya que además promueve el uso extenso de energía eléctrica. Y por desgracia hay mucha gente sin conocimientos de ecología que le cree y que incluso cree que él sabe de ecología.

Mientras los ecologistas aprecian alternativas al coche como la bicicleta y tratan de limitar el uso del coche, El Vago tiene una gran colección de coches para ir de paseo y se burla de las personas que no tienen coche y se mueven en bicicleta por todas partes.

Mientras los ecologistas ven el coche eléctrico con mucho escepticismo, El Vago lo promueve si fuera la solución definitiva de todos los problemas medioambientales. Y dice claramente que le importa un pepino si en los Andes muere gente para las baterías de sus coches. Y no sabe nada de los microplásticos que sueltan los neumáticos. Solo le interesa su propia fama, todo lo demás es insignificante. La empresa Renault le regaló un coche eléctrico de soborno para que siguiera promocionando los coches eléctricos.

Mientras todos los ecologistas dicen claramente que hace falta ahorrar energía, El Vago en su mundo paralelo crea la ilusión en la gente de que eso no hace falta porque hay una "energía libre" que surge de la nada. Aunque cualquier persona que sepa lo mínimo de física o de ecología, sabe que esa "energía libre" no existe, a Ibiza llega mucha gente de una sociedad acomodada que cree que todo se recibe sin esfuerzos y por lo tanto cree su mentira.

Mientras los ecologistas saben que un crecimiento ilimitado en un sistema limitado como la Tierra no es posible, El Vago como buen promotor del sistema capitalista sigue creyendo en un crecimiento económico a las alturas del pleno siglo XI, incluso colabora con un periódico del nivel más soez que alaba el crecimiento económico. Siempre crea la imagen de que alguien no tiene que cuestionar su consumo y que con algo de cosmética ya puede ser un ecologista.

Mientras los ecologistas se responsibilizan de sus acciones, El Vago culpa una supuesta conspiración mundial de sus propios fracasos.

Mientras cada persona con un entendimiento ecológico sabe que Ibiza no es un sitio para césped, El Vago, en vez de aceptar que es una isla con muchos otros ecosistemas, como plasticómano promociona el césped artificial de plástico (lo que es igual de idiota que mudarse a Groenlandia, sentir pena que allí no crezcan palmeras y promocionar palmeras de plástico).

El Vago habla mucho de reciclaje. Está bien pero él crea la ilusión de que el reciclaje del plástico funciona bien en vez de promocionar esfuerzos a eliminar el plástico de la vida.

Una vez llegó a la Casita Verde una mujer para dar un taller sobre la sostenibilidad. Ella vino de Holanda con Ryanair. Practicar la sostenibilidad antes de hablar de ella no es deseado. El Vago aprecia mucho a la gente como él que hable sin actuar. Nunca se le ocurriría invitar a una persona que practique la sostenibilidad en el día a día. Pues se sentiría en la sombra de esa persona. Cuando lo que quiere es estar él siempre en el enfoque. Por eso menosprecia a la gente que actúa, menosprecia a los ecologistas.

Ya hemos visto que El Vago menosprecia a los ciclistas que no tienen coche. Pues se trata de una secta muy materialista que define el valor de una persona a través de sus pertenencias.

Una cosa triste es que mucha gente una vez haya tenido contacto con la Casita Verde, ya no tiene interés en aprender de ecología porque cree que las enseñanzas idiotas de El Vago son la verdadera ecología. Si lo que hace él, es ecología, la ecología es acumular coches y acostarse con chicas. Es un Osho pequeño.

Al fin y al cabo es una institución que promueve el sistema capitalista-consumista y le da un maquillaje de ecologismo. Así esa secta es bastante contraproducente en cuanto al ecologismo.