Plantes i humans
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Los lácteos, ¿buenos o malos?, ¿saludables o dañinos?

Hay personas que no toman lácteos porque no les gustan, o porque tienen una alergia, o porque no tienen acceso a lácteos de buena calidad o de buena ética.

Otros oponen por completo contra el uso de lácteos porque no saben discernir entre la ganadería industrial y la campesina. Así surgen argumentos como: la leche contiene hormonas y/o antibióticos (lo que es igual de inocente que rechazar todas las verduras porque "las verduras" tienen plaguicidas). Para la ganadería de autoabastecimiento, tales argumentos son necios. Claro está que ninguna persona con un mínimo de información dirá que los lácteos sean solo buenos o que sean solo malos.

Alguna gente después de comer mucho queso no se siente bien por el exceso de grasa y proteína y luego, en vez de moderarse, rechaza el queso por completo. No es de extrañar que gente consumista que no sabe saborear, solo devorar, llegue a la conclusión que el queso no es bueno. Hay que tener en cuenta que el queso es un producto concentrado que suministra mucha energía. Una persona sin actividad física no aguanta mucha comida tan concentrada. Quien se desplaza con energía fósil, no necesita tanta energía en la comida como quien se desplaza con la energía de pan y queso, por ejemplo en bicicleta. Y alguna gente con un pensamiento dualista no conoce la moderación sino solo la selección entre queso en exceso y nada de queso.

Otra gente tiene tanto odio contra los lácteos que, para divulgar su odio, pilla y repite cualquier argumento por absurdo que sea. He aquí algunos de ésos:

1. Podemos vivir sin lácteos.

Es cierto que lo podemos. Si comemos otros productos de animales, más que nada pescado (o si recurrimos a complementos alimenticios basados en petróleo), no nos faltará nada esencial por prescindir de lácteos. También podemos vivir sin abrazos. Podemos vivir sin música. Quien lo quiera hacer, que lo haga. Pero, ¿por qué imponerlo en otros? ¿Hay por qué todo el mundo tenga que tener la misma alimentación?

2. En muchas culturas, la leche no tiene tradición.

Sin duda, es así. ¿Y los que vivimos en una cultura que tiene esa tradición (por ejemplo en Ibiza con su gran tradición ganadera que contribuye considerablemente a la diversidad ecológica) tenemos que dejarla porque otros no la tienen? ¿Los japoneses tienen que dejar de comer algas marinas porque en muchas culturas ésas no tienen tradición? ¿Todo el mundo tiene que tener la misma alimentación? En la antropología esto es un fenómeno bien conocido: personas que tienen dificultades con la gente de su alrededor y su cultura, sueñan que en culturas desconocidas todo sea mejor. Muy gracioso es si usa este argumento una persona vegana. El veganismo no se puede presumir de ninguna tradición (el vegetarianismo tradicional de la India suele ir con un alto aprecio de la leche). Se justifica más bien como antítesis al exceso de productos de animales, por lo general acentuadamente antitradicionalista. Tal justificación puede ser válida para un movimiento de protesta, no tanto para emanciparse y construir algo sostenible.

3. La leche contiene bacterias.

La leche cruda sí. Ese argumento juega con la idea de mucha gente inculta que "bacterias" es sinónimo de "patógenos". En verdad tenemos bacterias en los intestinos que nos ayudan en la digestión. Y justamente tales bacterias se encuentran en la leche (si la vaca o cabra está sana). La leche cruda con sus bacterias y enzimas es mucho más digerible que la leche muerta (pasteurizada o incluso uperizada). En el queso se añaden bacterias y se controla su desarrollo. Últimamente hay indicios que la leche muerta sin bacterias ni enzimas provoca muchas enfermedades, incluso no aporta calcio al cuerpo sino que se lo roba y así contribuye a la osteoporosis. E incluso alguna gente que cree que no soporta la leche, prueba leche fresca, queda alucinada y la soporta sin problemas. Entonces, ¿qué tienen de malo las bacterias probióticas en la leche? Lo más gracioso es si este argumento viene de una persona que come espirulina sin saber que ésa es una bacteria.

4. La leche de vaca tiene caseína que se usa para fabricar pegamento.

¿Eso nos tiene que dar asco? ¿Dejaremos de comer patatas porque de su fécula se elabora pegamento? Por cierto, en menor cantidad hay caseína también en la leche humana.

5. Los humanos somos la única especie que bebe la leche de otra especie.

No es precisamente así. Sin embargo, se puede tomar en serio ese argumento siempre que venga de una persona que no cueza su comida, que no se ponga ropa y que no conduzca nunca porque no lo hacen otros animales.

Seamos honestos: nadie nunca deja de comer lácteos por ninguno de estos motivos. Sólo son pretextos para justificar un odio contra la cultura propia y su consumo de leche. Es tan obvio que esos argumentos han sido lanzados por la industria de soja para desacreditar la competencia. ¿Toda la vida hemos aprendido que la leche es saludable y ahora que la industria de soja nos dice que sus productos transgénicos son mejores, se lo creemos? ¡Vaya!

Eso sí: la leche muerta de los supermercados, para mucha gente la única al alcance, no es comparable con la leche viva que mantenía sana una parte de la humanidad durante milenios y que nos mantiene sanos en el autoabastecimiento. Y se puede cuestionar seriamente si aquella es apta para el consumo humano. Bueno, la realidad del campo está muy lejos de esos debates esnobistas. La decisión a favor o en contra de animales de leche para el autoabastecimiento será según criterios prácticos como si tenemos espacio para ellos y si queremos estar para las reses día tras día, lo que requiere un compromiso serio. En el otro lado el ganado nos facilita el cultivo porque nos suministra abono y tal vez fuerza de labor sin energía fósil. Y si hacemos queso, podemos nutrir los cerdos con suero de leche y saldrá la mejor carne de cerdo.