Plantes i humans
Plantes i humans

Etnología, la ciencia de los antropófagos

(Esto es una versión un poquito modificada de un artículo que publiqué en alemán en la revista etnológica “Cargo”.)

“Canibalismo (antropofagía): Consumo oral de partes del cuerpo humano y de la sangre humana por humanos. Canibalismo era muy difundido en grandes partes de la tierra como costumbre o por ocasiones especiales, destacando parcialmente el disfrute de la carne, parcialmente motivos religiosos-rituales.”

Diccionario Diercke de la geografía general (1)

Mucho tiempo antes de mi estudio de etnología yo sabía que en Nueva Guinea y otras partes de la Tierra por lo menos en tiempos pasados había seres humanos que comían a otros seres humanos. Claro, cada niño lo sabe. También en mi estudio a veces escuchaba de tal canibalismo, aun diferenciado entre endo- y exocanibalismo. (Y en la antropología ecológica incluso buscaban explicaciones por qué el canibalismo era necesario.) Pero por primera vez también fui confrontado con crítica de fuentes que ponían en duda las acusaciones del canibalismo. Y así me dije a mí mismo: Quiero saberlo más exactamente. Claro es que no puedo visitar a los tupinambá del siglo XVI para investigar si de verdad engordaban y comían a cristianos, como lo reportaba Hans Staden extensamente. Pero puedo investigar la literatura en respecto a su plausibilidad. Y eso lo hice. Encontré unas cosas interesantes, también publiqué sobre este asunto.

Hans Staden contó en el siglo XVI como los tupinambá en Brasil asaltaban a sus enemigos, mataban a las mujeres y a los niños (y obviamente, ¿los dejaban atrás?) y hacían prisioneros a los varones. Después dejaban a los varones contactar con las mujeres indígenas y engendrar niños. A esos niños (a fijarse que venían de las propias mujeres) los elevaban, y cuando tenían ganas, los mataban y los comían (2). Pregunta: ¿Tal reportaje merece ser creído? ¿Se trata de seres humanos reales o más bien de monstruos de cuentos? Generaciones de etnólogos hacían alusión al reportaje de sensación de Staden y consideraban el canibalismo de los tupinambá un hecho que no podía ponerse en duda. La mayoría de ellos probablemente sin haber leído las declaraciones originales de Staden. ¿Para qué deberían leerse? Ya se sabe que los extranjeros a menudo son caníbales. Y en la conclusión reversa los caníbales son particularmente extranjeros. Y cuanto más extranjera es una cultura, más es objeto de la etnología.

Para demostrar cuán exóticos son los pueblos extranjeros, Ewald Volhard nos provee de una colección extensa sobre el canibalismo: Algunos pueblos comen las mujeres adúlteras por castigo. Otros comen cadáveres podridos. Entonces, ¡buen provecho! U ofrecen, como lo observó un misionero, carne humana en cestas en venta (3). ¿Tales cosas las debemos simplemente creer? O, ¿es más la tarea de la etnología como ciencia ponerlas en duda y examinarlas?

Durante mi estudio vi una película en la que un papua amenazó a otra persona que la comería. En aquel entonces yo pensaba con inocencia: ¡Mira, una confesión tan clara al canibalismo! ¡Pues existe! ¡Que los escépticos se callen para siempre! Pero, ¡momento! En alemán decimos que queremos una persona “a comerla”, lo que significa que la queremos mucho. ¿Eso es una confesión clara al canibalismo? En irlandés hay la locución “comer a los vecinos” que significa algo como “ultrajar a los vecinos”. Un significado metafórico parecido la palabra “comer” puede tener en el francés de Quebec. (Más hechos sobre estas y otras locuciones se encuentran en mi antología: Janzing 2007a.) ¿Porqué no atribuimos a los papuas una lengua igualmente metafórica? En efecto, entre algunos papuas “comer” se usa como metáfora para “embrujar”. Hoy en día muchos papuas se confesan a ser cristianos, y parte del Cristianismo es –como ya sabemos– el consumo del cuerpo de Cristo. Por supuesto no en forma de verdadera carne humana ya que los cristianos son capaces de simbolizar. Y, ¿en serio queremos tener la arrogancia a declarar que la capacidad de simbolizar se conoce en Nueva Guinea sólo gracias a los misioneros?

El canibalismo en casos de gran hambre por supuesto existe, por seguro siempre practicado con abominación. El canibalismo de unos individuos particulares que se ponen fuera de la sociedad, existe ocasionalmente como lo conocemos del célebre “Caníbal de Rotenburg” (Alemania) que –como es de esperar– es considerado un psicópata por grandes partes de la sociedad. Pero lo que es relevante en la etnología, es más bien el canibalismo que está aceptado dentro de la sociedad. Ya sea canibalismo profano, que es solo consumo de carne humana para fines nutritivos como lo postulaba Alfred Métraux para los pascuenses (de la Isla de Pascua) (4) y como, según una tesis del etólogo Irenäus Eibl-Eibesfeldt era muy difundido en otros tiempos (5). Ya sea canibalismo ritual o de culto con el que uno quiere apropiarse las fuerzas del difunto. Ejemplo de este último es el consumo del cuerpo de Cristo.

Como lo muestra una mirada en la Gran Enciclopedia Soviética, la eucaristía a veces de verdad es interpretada como supervivencia de un consumo de carne humana (6). Por interpretaciones parecidas se comprueba el canibalismo anciano de muchos pueblos extranjeros: El canibalismo juega un gran papel en mitos, cuentos y cultos de esto u otro etnos, conclusión lógica: las personas de ese etnos eran caníbales hasta hace unos 200 años. ¿Es tal prueba suficiente? ¿Podemos concluir del cuento alemán “Hänsel und Gretel” y la canción de niños del mismo título que los alemanes hace 200 años engordaban y freían niños?

Que uno se imagine que alguien diga que los judíos comen carne humana –que en la historia alemana de verdad era constatado varias veces. ¿No tenderíamos de repente a acusar a esa persona de antisemitismo sin investigarlo más? ¿Pero sobre papuas la misma acusación está permitida? ¿Porqué tratamos a judíos y a papuas con valoraciones diferentes? ¿Es porque estamos sensibilizados por calumnias contra los judíos y todavía no por las contra los papuas? ¿Es porque los judíos mientras tanto han avanzado a ser verdaderos seres humanos, mientras que los papuas en la conciencia general quedan “gente de la Edad de Piedra”, “gente subdesarrollada”?

Por lo general los judíos no aparten a los pueblos tratados en la etnología, los papuas sí. Tales fronteras encuentro a veces entre colegas de mi materia si trato pueblos extranjeros en el mismo nivel como pueblos europeos. Incluso los etnólogos todavía no hemos aprendido a dejar la frontera entre “nosotros” y los “otros”. En su definición original la etnología era la ciencia de los extranjeros, por tanto también de los caníbales. Luego que admitimos que los otros también son humanos como nosotros, esta definición de nuestra materia debe perder su importancia. Si no nos consideramos a nosotros caníbales, entonces, ¿por qué consideramos a los otros caníbales? ¿Es porque los otros nos consideramos también caníbales? Sí, es verdad, también los europeos hemos sido considerados antropófagos desde tiempos ancianos. En África occidental en los tiempos de las cazas por esclavos era claro que los europeos cogían a los africanos y los llevaban a sus barcos para comerlos. ¿Este método de prueba es menos convincente que los que empleamos sobre papuas, caraíbes y judíos, tal vez también hombres de Neandertal?

Desde tiempos ancianos el mito del canibalismo servía de frontera contra los pueblos extranjeros. Muchos pueblos contaban de pueblos vecinos que comían carne humana, lo que los investigadores a menudo creían en seguida: Justamente el pueblo que había visitado el investigador no comía carne humana, sus vecinos claro que sí. Eso por ejemplo Malinowski lo encontró sobre los habitantes de las Islas Trobriand (7). Caníbales a menudo son los pueblos enemigos, pero también personas para cuya esclavitud o cuya misión uno necesitaba argumentos. El cronista griego Herodot describió un pueblo llamado andrófagos que servía de imagen disuasiva por gente sin leyes y –cómo podría ser de otra manera– comía carne humana (8). El cronista indígena Garcilaso de la Vega reportó como los Incas acusaban a un pueblo extranjero de no tener leyes, de andar desnudos y de practicar canibalismo y de tal manera creían razones para someter y “civilizar” el pueblo.

Hace poco fui culpado de no tener pruebas que el canibalismo no había existido. Es cierto. No afirmo que nunca haya habido canibalismo, eso sería arrogante. Tal cosa por supuesto principalmente es imposible de ser probada. El solo hecho que nadie ha observado a los tupinambá comiendo carne humana, desde luego no es prueba de su inocencia. A mí también nadie me ha visto comiendo carne humana (excepto en forma de una hostia). No obstante, si un indígena americano o africano me acusa de comer carne humana, no tengo posibilidad de probarle el contrario.

Los que creen en canibalismo, a veces se refieren a teorías por las que creen que es probable que el canibalismo de costumbre había existido, por ejemplo con una mirada al canibalismo de chimpancés. Sí, las teorías permiten el canibalismo, con eso tienen razón –como las teorías permiten vida en el Marte. Pero para saber si un pueblo de verdad come o comía carne humana, no basta con teorías, por buenas que sean, para eso necesitamos hechos etnológicos que prueben ese consumo o por lo menos lo hagan muy probable. Y estos hechos faltan hasta ahora. Concluir de un canibalismo entre chimpancés a un canibalismo entre los tupinambá debe ser tan insatisfactorio como concluir de la vida en la Tierra a vida en el Marte sin investigar el Marte.

Una vez sensibilizado por acusaciones de canibalismo, yo por supuesto también estaba escéptico contra la afirmación que en Sudamérica la ceniza de los huesos de difuntos es consumida en cerveza o puré de plátanos. Pero mis investigaciones enseñaron que sobre eso hay reportajes creíbles. Parece que el consumo de un pariente difunto en forma de ceniza de huesos es tan natural para unos pueblos sudamericanos como es para los cristianos el consumo de su Salvador en forma de una hostia o un trozo de pan.

Sobre el reino de animales no hay duda que hay animales que coman otros de la misma especie aunque la importancia de ese canibalismo aún queda tema de controversias. ¿Las mantis (matapiojos) comen sus machos con la misma naturalidad en la naturaleza como lo pensamos por observaciones en cautividad? También en la astronomía hay canibalismo cuando un cuerpo celeste (por ejemplo un púlsar) come su acompañante lentamente. En la etnología el canibalismo se entiende como simbólico –o como calumnia. A veces también como baladronada en contacto con exploradores y viajadores que creen demasiado fácilmente y de los que uno puede ganarse respeto con tales cuentos.

Fuentes (todas también citadas en mi antología: Janzing 2007a):

1) Leser, Hartmut, Hans-Dieter Haas, Thomas Mosimann & Reinhard Paesler: Wörterbuch der Allgemeinen Geographie. München und Braunschweig 1992. – Tomo 1: A-M, P. 293.

2) Staden, Hans: Warhaftige Hiſtoria und Beſchreibung eyner Landſchafft der wilden nacketen grimmigen Menſchfreſſer Leuthen in der Newenwelt America gelegen. Marpurg 1557. – Caput xxix.

3) Volhard, Ewald (1939): Kannibalismus. Stuttgart. – Passim.

4) Métraux, Alfred: L’Île de Pâques. Saint-Amand 1966. – P. 84.

5) Eibl-Eibesfeldt: Krieg und Frieden aus der Sicht der Verhaltensforschung. München 1990 (1a ed. 1975). – P. 216f.

6) Першиц, А. И.: Каннибализм. In: Прохоров, А. М. (Red.): Большая советская энциклопедия. Москва 1973. – Tomo 11: Италия - Кравкуш, p. 330.

7) Malinowski, Bronislaw: Soil-Tilling and Agricultural Rites in the Trobriand Islands. Bloomington, Indiana 1965. – P. 162.

8) Herodot: Buch IV, Kap. 106, wiedergegeben in: Herodot: Herodoti Historiae. Editio tertia, tomus prior. Aylesbury 1927.

9) Garcilaso de la Vega: 7. Buch, Original alrededor de 1.600, recitado (en escritura moderna) en: Sáenz de Santa María, Carmelo (Ed.): Obras completas del Inca Garcilaso de la Vega. Madrid 1963. – P. 271.

Literatura adicional (extractos de la mayoría de las obras y los ensayos también citados en mi antología: Janzing 2007a):

Arens, William (1979): The Man-eating Myth. Anthropology and Anthropophagy. Oxford y otras.

Arens, William (1996): cannibalism. In: Barnard, Alan & Jonathan Spencer (Ed.): Encyclopedia of Social and Cultural Anthropology. London & New York. – P. 82f.

Bahn, Paul (1991): Is cannibalism too much to swallow? En: New Scientist. 27 April 1991: 38-40.

Frank, Erwin: »Sie fressen Menschen, wie ihr scheußliches Aussehen beweist …«. Kritische Überlegungen zu Zeugen und Quellen der Menschenfresserei. En: Duerr, Hans-Peter (Ed.): Authentizität und Betrug in der Ethnologie. Frankfurt am Main 1987: 199-224.

Gilsenbach, Hannelore (1996): „… und verzehren Menschenfleisch“. En: Bumerang. Naturvölker heute. Zeitschrift des Bundes für Naturvölker. 3/1996: 83.

Janzing, Gereon (2007): Kannibalen und Schamanen. Verbreitete Irrtümer über fremde Völker. Löhrbach.

Janzing, Gereon (2007a): Der unwiderstehliche Geschmack von Menschenfleisch – Eine Anthologie zu Menschenfressern und Kannibalismus. Löhrbach.

Janzing, Gereon (2007b): Nach Neuguinea zu den Kannibalen. En: Kritische Ökologie (Göttingen) 22 [1]: 21.

Kuper, Michael (1993): Über die Wut im Bauch der Kannibalen. »Die meisten Vorstellungen sind falsch«. En: Lorbeer, Marie & Beate Wild (Ed.): Menschenfresser Negerküsse. Das Bild vom Fremden im deutschen Alltag. Berlin: 36-45.

Menninger, Annerose (1995): Die Macht der Augenzeugen. Neue Welt und Kannibalen-Mythos, 1492-1600. Stuttgart.

Müller-Kaspar, Ulrike (1996): Menschenfresser. En: la misma: Handbuch des Aberglaubens. Wien. P. 574f.

Peter-Röcher, Heidi (1998): Mythos Menschenfresser. Ein Blick in die Kochtöpfe der Kannibalen. München.

Steadman, Lyle B. & Charles F. Merbs (1982): Kuru and Cannibalism. En: American Anthropologist 84: 611-627.